Por una vez en mi vida experimenté lo que es robar en una gran tienda, y a pesar de que quizá muchos pueden pensar que es algo malo en mi caso fue muy divertido.
Cuando tenía 5 años, siempre salía con mis papis a Metro pero cuando me llevaban me dejaban en la guardería, que en ese tiempo existía. Pero un día no fue de esa manera, estuve con ellos toda la hora de las compras; habíamos terminado de comprar todos los víveres para la semana, y era momento de pagar en el cajero. Así lo hicieron mis padres, pagamos, recogimos las bolsas del supermercado, y luego ya nos regresamos a la casa; debido a que, una tía iba a ir a visitarnos.
Esta tía era demasiado buena, siempre nos traía golosinas y como yo y mis hermanos eramos pequeños nos fascinaba muchísimo. Cuando ya llegamos a la casa, y entramos, mis papás me cuentan que subí corriendo y ellos se quedaron conversando con la tía. Entonces mi mamá me llamó: ¡Claudita, baja! Yo bajé corriendo y me dijo: Tu tía ha traído un chupetín para ti, lo quieres? Yo negué moviendo la cabeza y con una risa malévola, saqué de mi ropa un Halls, que me había cogido de Metro sin haberlo pagado. Mis papás comenzaron a reírse y me dijeron que estaba mal, pero ya me dejaron comerlo.
Fue algo muy cómico pero gracias a Dios que en esos tiempos todavía no estaban muy difundidas las cámaras de seguridad, sino tal vez me hubieran descubierto.

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